Bogotá, Capital Iberoamericana de la Cultura 2007, ¿Qué significa esta nueva distinción para la ciudad?



Publicado en: Arteria.
Año: 2007

En los años recientes la ciudad de Bogota ha recibido importantes distinciones internacionales, como reconocimiento a sus logros en diversos temas. En el campo de la cultura una de las más notorias ha sido la nominación que le hiciera la UNESCO en junio de 2005, como Capital Mundial del Libro, título que ha ejercido desde el pasado mes de abril y cuya celebración se sustenta en un amplio conjunto de proyectos que continuarán realizándose hasta entrado el 2008.  Así mismo en el pasado mes de noviembre la ciudad recibió el premio León de Oro de San Marco, otorgado por la Bienal de Arquitectura de Venecia, que uno de los galardones más prestigiosos que pueda entregarse a una ciudad.

Sin embargo, menos notoriedad ha tenido el nombramiento por parte de la UCCI, de Bogotá como la Capital Iberoamericana de la Cultura 2007, distinción que ya había recibido la ciudad en 1991. La razón de que este título regrese a Bogotá es que la ciudad ha ido incorporando la cultura como un eje de sostenibilidad del desarrollo humano y la ha reconectado con un campo social más amplio.. Más allá del manejo instrumental que ha tenido la cultura dentro de la agenda política de las recientes administraciones en respuesta a problemáticas coyunturales de movilidad, convivencia o reconciliación, la ciudad, tanto como su administración, han situado lo cultural en el núcleo del ejercicio efectivo de los derechos de los sujetos pertenecientes a los distintos grupos sociales que la conforman.

Adicionalmente, lo que llamó la atención de la UCCI (Unión de Ciudades Capitales de Iberoamérica) sobre Bogotá, es su significativo avance en la Agenda 21, un marco de política que permite que la garantía y el ejercicio de los derechos culturales, la interculturalidad y la participación conviertan a lo cultural, junto a lo social, lo ambiental y lo económico, en un pilar de sostenibilidad de las ciudades en el siglo XXI.

A diferencia de las distinciones mencionadas inicialmente, que implicaron la programación de diversos eventos artísticos, la celebración del nombramiento de Bogotá como Capital Iberoamericana de la Cultura está centrada en la reflexión sobre los aspectos conceptuales, normativos y programáticos de la Agenda 21. Las actividades que se realizarán serán fundamentalmente foros de discusión, algunos presenciales y otros virtuales, en los que expertos nacionales e internacionales abordarán los diferentes ejes temáticos. En este sentido es interesante que en lugar de programar espectáculos de carácter artístico se haga una apuesta por la circulación de los discursos que interpretan las relaciones entre las prácticas culturales, los derechos humanos, la noción de lo  público y la sostenibilidad cultural, porque hace visible la dimensión política que sustenta la actividad cultural y por consiguiente la artística.

Fredric Jameson, ha denominado a la cultura como un “espejismo objetivo” porque según su punto de vista, surge de la relación entre por lo menos dos grupos humanos. Jameson dice que ningún grupo posee una cultura por si mismo, sino que ella resulta de aquello que percibe un grupo humano cuando entra en contacto con otro y lo observa. A media que el primer grupo se identifica con “aquello” que el segundo grupo observa en él y viceversa, comienza a existir una cultura propia para cada uno de ellos. Por ese motivo nos dice Jameson que la cultura debe verse como un vehículo de negociación entre los grupos, en respuesta a su tendencia a confrontarse mutuamente.1

Considerando la manera como el Distrito Capital ha ido comprendiéndose paulatinamente como un territorio habitado por diversos grupos sociales en conflicto cultural, algunos de los cuales perciben que sus derechos están permanentemente en riesgo, la opción de un escenario de circulación de discursos sobre derechos culturales es altamente pertinente.  De esa forma el viejo eslogan que rondaba las discusiones sobre política cultural en Colombia de: “llevar la cultura a los ciudadanos” ha suscitado preguntas como ¿A que grupo pertenece la cultura que se pretende “llevar” a los ciudadanos? ¿A que grupo pertenecen? ¿De que manera “se lleva” la cultura de un grupo a otro y cual es el sujeto de esa acción? ¿Acaso, ya no poseen los grupos, por sus diferentes dinámicas sociales, una cultura? En los nuevos escenarios de discusión sobre políticas culturales en Bogotá, mediante la participación activa de diversos grupos sociales, se ha ido transformando este antiguo eslogan hasta plantear que los grupos sociales que conforman la ciudad tienen el derecho de expresar públicamente su cultura, así como también tienen el derecho de acceder a las expresiones públicas de la cultura de los otros grupos.

Aunque tiende a darse por sentado que las prácticas artísticas hacen parte de un campo cultural más amplio, tendemos a perder de vista la manera como la situación previamente esbozada afecta tanto la política cultural sobre las artes plásticas como la política misma que constituye la categoría de arte.


Mayores informes sobre Bogota Capital Iberoamericana de la Cultura http://www.culturarecreacionydeporte.gov.co


Jaime Cerón



1Ver Fredric Jameson, Sobre “los estudios culturales”, en Estudios Culturales, reflexiones sobre el Multiculturalismo, Ed. Paidós, 1ª edición, traducción Moira Irigoyen, Buenos Aires, 1998.